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"De las Mujeres de Querétaro para el Mundo", Presentación en el Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas.


Christine de Pizan una filósofa, poeta y escritora francesa, en su obra más conocida publicada en 1405: La ciudad de las damas, con lamento escribió: “me desesperaba que Dios me hubiese hecho nacer en un cuerpo femenino” “como si la naturaleza hubiera engendrado monstruos”, en esta misma obra más adelante, recapacitó que su condición no era culpa de Dios. Christine, tuvo la fortuna de tener una educación privilegiada, aprendió latín, italiano y francés gracias a que era hija del médico y astrólogo Tommaso de Pizán, sus obras le ganaron un lugar en la historia.


Lo mismo se puede decir de Sor Juana Inés de la Cruz en México, una monja excepcional de la época novohispana y de gran capacidad intelectual. En uno de sus poemas le preguntó al mundo y a la sociedad que la juzgaba ¿en qué te ofendo, cuando sólo intento poner bellezas en mi entendimiento y no mi entendimiento en las bellezas?, su condición de mujer hispana y el privilegio de venir de una buena familia, le ganó el favor de la virreina y por supuesto, un lugar en la historia. Tanto Christe de Pizan como Sor Juana, tuvieron una formación que las colocó en la historia y a pesar de su privilegio, manifestaron la defensa de su sexo ¿qué pasó entonces con la gran mayoría de mujeres del pasado de las que la historia poco ha hablado?


En cualquier época y sociedad, desde el momento del nacimiento, la diferencia sexual tuvo consecuencias históricas sustanciales en el entorno de cada persona, por lo tanto, los cuerpos femeninos y los cuerpos masculinos generaron historias distintas; sin embargo, las mismas fuentes e investigaciones históricas, por mucho tiempo se encargaron de enseñar desde lo que le sucede al hombre para hablar de niños, niñas, mujeres y hombres.


Recientemente, estamos comenzando a expresarnos desde el: las y los, por lo que poco a poco se está generando un nuevo lenguaje capaz de representar la diferencia sexual existente en la actualidad.


En los últimos 40 años han surgido nuevas interpretaciones de la historia a partir de fuentes hasta entonces inéditas, producto del interés por dar a conocer una historia de las mujeres. A pesar de que en dichas investigaciones se encontró suprimida la diferencia sexual del cuerpo femenino en el mundo clásico de griegos y romanos, en la Europa cristiana del siglo XI y XII, se sabe que existió un sentido libre de ser mujer, porque el cristianismo aportó la novedad de que el origen de todo ser humano era Dios y era él quien daba a cada uno su propia naturaleza. Por lo tanto surgió la idea de que ambos sexos no debían ser iguales, sino que hombre y mujer debían complementarse, esto quiere decir, que no debían oponerse, ni tampoco ser uno superior al otro.


Esta teoría fue defendida por figuras como Hildegarda de Bingen y Herralda de Hohenbourg en la alta edad media, una época donde prosperaron las beatas o beguinas, mujeres que ejercieron con libertad su religiosidad y participaron activamente en la literatura, mientras que otras, administraron con eficiencia sus feudos ante la falta de hombres llevados a la guerra, campesinas que participaron arduamente en las pesadas actividades agrícolas aún estando embarazadas y mujeres con poder en la política como Leonor de Aquitania.


Si tomamos en cuenta el sur de la península ibérica conocida como Andalucía, podremos encontrar también una mujer muy distinta, influenciada por una religión musulmana muy diferente a la que conocemos hoy en día. Eran mujeres poetisas, letradas, secretarías, calígrafas o maestras de las que poco conocemos.


En el territorio conocido como mesoamérica, aunque también se encontró limitada la diferencia sexual del cuerpo femenino, existió una gran veneración a las deidades de la fertilidad, había un respeto y admiración por lo que el cuerpo femenino era capaz de hacer: llevar en su vientre a un nuevo ser humano. Aunque practicaban la poligamía en respuesta a sus propias creencias sociales, las mujeres indígenas manifestaban sentirse cómodas porque podían repartirse entre todas los trabajos domésticos y el cuidado de los niños.


Sin embargo, en el siglo XIV en las universidades europeas, comenzaron aparecer textos escritos por hombres y dedicados a las mujeres, preocupados por indicarles los caminos de la virtud y de la salvación, en ellos, frailes, clérigos y laicos emprendieron un cuidadoso asalto a la tradición y hablaron a las mujeres, paulatinamente se fue construyendo un modelo femenino para cada tipo de mujer: vírgenes, viudas, casadas, monjas, inclusive se construyó un modelo de mujer para aquellas de condición más humilde como barberas, horneras, vendedoras de fruta, tejedoras, molineras, polleras, mendicantes y posaderas.


Aunque eran hombres letrados, ayudaron a construir un modelo femenino a partir de los planteamientos de Aristóteles, quien según su expresión: “la mujer era un macho frustrado”, en ella existía una débil racionalidad unida a su naturaleza y por lo tanto, debía estar siempre al cuidado y subordinación del hombre. La baja edad media vió el mundo de los clérigos y hombres laicos muy interesados en controlar el mundo de las mujeres, prestaron gran atención a las figuras femeninas y promovieron modelos para cada tipo de mujer.


Francisco de Baerberino, Vincent de Beauvais, Guillermo Peraldo, Durand de Champagne, Egidio Romano, Juan Dominici entre muchos otros, promovieron en sus sermones un modelo basado sobre todo en la castidad, condición que era recomendada a todas las mujeres para remedio del pecado original cometido por Eva. Para ellos la virtud y la salvación de la mujer era la castidad y cada una debía encontrar su realización en tres niveles distintos de perfección, ya sea como virgen, esposa o viuda, cuyo esquema era adaptable a todos los estratos sociales. De aquí que siempre se custodiara la virginidad de la mujer porque eran frágiles, maleables, inquietas y pasionales. El voto de clausura en los espacios femeninos como conventos, beaterios, recogimientos, reflejan ese modelo femenino de castidad.


Cuando analizamos la capacidad jurídica de la mujer trasladada a los territorios de ultramar, de acuerdo con Teresa Condés, se puede encontrar el imaginario femenino europeo. La legislación indiana poseía una ideología sobre la mujer indigena, mestiza, negra, criolla y aunque era considerada sujeto de derecho, era incapaz de obrar en plenitud, su marco jurídico era limitado y bajo la idea de fragilitas e imbecillitas se justificó la limitación de su capacidad de obrar y se puso el régimen de tutelas del padre o tutor para la soltera, el marido para la casada y para las indias se añadió el de persona miserable, figura protectora que limitó aún más su capacidad de obrar jurídicamente. Las únicas que escaparon de estas limitaciones fueron las viudas, quienes tenían plena capacidad de obrar sobre sus bienes.


Estudios recientes han advertido que a pesar de este imaginario femenino, que sin lugar a dudas era limitante para las mujeres tanto de Europa como de América, existieron quienes lograron administrar los bienes de sus padres o maridos, heredaron encomiendas e inclusive fueron grandes comerciantes como Aldoza Villalobos gobernadora de la isla de la margarita, Catalina de Montejo gobernadora de las tierras de Yucatán, Isabel de Barreto gobernadora de los mares del sur o la misma indígena cacique Luisa de Tapia monja Clarisa en Querétaro. Estos nombres, son solo algunos que han logrado salir a la luz pero aún falta mucho por conocer la realidad de otro tipo de mujeres que difícilmente dejaron registro en los archivos históricos.


Hoy en día, nos hemos podido dar cuenta que la modernidad, el desarrollo industrial y los avances tecnológicos del siglo XIX, fueron en gran medida para el progreso de los hombres e inclusive, no para todos, sino sólo para aquellos de condición privilegiada. Al retroceder tan solo unas décadas atrás, era impensable que la mujer fuera profesionista, pudiera votar y tener condiciones de igualdad jurídica. Por ello, es extraordinario ver a niñas convertirse en ingenieras, psicólogas, aeronautas y hasta presidentas. Precisamente México es ejemplo de este gran cambio, al tener por primera vez en su historia, una mujer como presidenta. que seguramente será inspiración para muchas otras.


En este sentido, considero igual de loable, la publicación que se presenta el día de hoy, el libro de las mujeres de Querétaro para el mundo, es un reflejo del arduo trabajo de mujeres profesionistas, queretanas y con gran capacidad intelectual, muchas de ellas también madres, esposas e hijas, cuyo testimonio es ejemplo de éxito y de cambio social. Confiemos en que en esta época actual, podamos ver nuevamente una complementariedad de los sexos, donde hombres y mujeres trabajemos en mutuo acuerdo y respeto a nuestras diferencias.


Por: Miriam Aurora Gómez Escalante.

Maestra en Historia del IDIH.




 
 
 

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